
Un día desperté
en un navío sin piloto
danzando
con los ojos vendados
la danza de los sueños rotos.
Un día imaginé
las torturas como caricias
de un amor innecesario,
juegos y delicias
de éste destino, mi corsario.
Un día soñé
las sombras y la luz unidas
dibujando claroscuros
entre tus labios, mi tormenta;
muros de sentimientos duros,
brazas que a mi corazón alientan.
Un día busque tus manos
entre protestas y sollozos.
Lamento en ese momento
haber abierto los ojos
y descubierto
que de mi alma estabas tan lejos
bailando en tu propio desierto
tu danza de los sueños rotos.
Ariel ALMADA
3/12/98

No hay comentarios:
Publicar un comentario